En 2026 las empresas reguladas por la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) deberán comenzar a divulgar información conforme a los estándares IFRS S1 IFRS S2, referidos a sostenibilidad y cambio climático. Para muchas organizaciones, estas nuevas exigencias pueden parecer una carga regulatoria adicional. Sin embargo, la pregunta relevante no es cuánto costará implementarlas, sino cuánto podría costarnos no hacerlo.

Los mercados internacionales están avanzando rápidamente hacia una mayor transparencia en materias ambientales, sociales y de gobernanza. Europa ha liderado este proceso mediante estándares de divulgación cada vez más exigentes, alineados con sus objetivos de carbono neutralidad al año 2050. 

Las empresas que operan en esos mercados han debido adaptar sus sistemas de gestión, medir sus emisiones y demostrar cómo enfrentan los riesgos derivados del cambio climático. Lo han hecho porque entienden que la sostenibilidad dejó de ser un asunto reputacional para transformarse en un factor determinante de competitividad y acceso al capital.

Chile no está ajeno a esta realidad. De acuerdo con InvestChile, el 77% de la inversión privada proyectada para el período 2024-2028 corresponde a proyectos con participación de capital extranjero. Asimismo, durante 2025 el país recibió más de US$14.000 millones en inversión extranjera directa y la cartera de proyectos gestionada por InvestChile alcanzó un récord superior a los US$65.000 millones. Así, lo que está en juego es la posición de Chile en la competencia global por atraer inversiones durante las próximas décadas. 

Estos antecedentes muestran que una parte significativa de nuestro crecimiento futuro dependerá de la capacidad de seguir atrayendo inversionistas internacionales.

Y esos inversionistas están cambiando. Cada vez más fondos, bancos y administradores de activos incorporan variables de sostenibilidad y riesgo climático en sus decisiones de inversión. No buscan únicamente rentabilidad financiera; también requieren información confiable, comparable y consistente sobre la capacidad de las empresas para enfrentar riesgos de largo plazo.

Ese es precisamente el propósito de IFRS S1 e IFRS S2. No se trata solo de cumplir una obligación regulatoria, sino de adoptar el lenguaje que utilizan los mercados de capitales globales para evaluar riesgos y oportunidades.

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